• CNC presenta el primer informe sectorial sobre el impacto del absentismo, que roza las 113 horas anuales por asalariado, el doble que hace diez años
  • Las constructoras pequeñas soportan dos tercios del coste total, las medianas el 20% y las grandes el 16% restante
Rueda de prensa de presentación del informe

Madrid, 9 de febrero de 2026. La Confederación Nacional de la Construcción (CNC) alerta de que el absentismo en el sector se ha disparado hasta el 6,2% y de que su coste ya escala por encima de los 3.500 millones de euros, tal y como recoge el primer informe sectorial sobre el impacto de este fenómeno, que ha sido elaborado por la patronal y presentado esta mañana en su sede.

Según este Informe, el absentismo laboral en el sector de la construcción se situó en 2025 en casi 113 horas anuales por asalariado, el doble que hace diez años, lo que equivale a la pérdida de 14 jornadas laborales de ocho horas o prácticamente tres semanas de trabajo por empleado.

CNC explica que las horas no trabajadas en el sector han alcanzado el porcentaje más alto registrado hasta la fecha y se sitúan muy por encima del 3,6% observado en 2018. En otras palabras, por cada 16 trabajadores contratados, solo trabajan efectivamente 15, de modo que más de 70.000 asalariados del sector no trabajaron durante el pasado año ni una sola hora por causas de absentismo.

Asimismo, del Informe se desprende que, entre 2018 y 2025, el número de horas no trabajadas pero sí pagadas aumentó un 23%, mientras que las horas efectivamente trabajadas se redujeron un 1,5%.

La patronal señala como principal causa el aumento de las bajas por Incapacidad Temporal, que concentran el 72% del crecimiento del absentismo. Y es que, desde 2018, las horas perdidas por este motivo se han incrementado un 75%, de manera que cada trabajador perdió en 2025 cinco días más de trabajo que siete años antes por motivos de Incapacidad Temporal.

El coste se triplica desde 2018

Respecto al impacto económico del absentismo en el sector, CNC estima un coste de 3.565 millones de euros, casi el triple que en 2018. Una cifra nada desdeñable que, por ejemplo, equivale al 1,7% de las ventas del sector y supone una carga superior incluso al Impuesto sobre Sociedades.

Del total, los costes directos ascendieron a 633 millones de euros, incluyendo el pago de cotizaciones sociales del trabajador de baja, el abono del salario entre el cuarto y el decimoquinto día de baja y los eventuales complementos salariales.

Los costes indirectos, por su parte, alcanzaron los 2.932 millones de euros, que se corresponden con el valor económico de las horas de trabajo perdidas. En este punto, 2.441 millones de euros tienen su origen en la Incapacidad Temporal y 491 millones en otras causas de absentismo.

Las pequeñas constructoras, las más afectadas

El impacto no es homogéneo dentro del sector. De hecho, dos tercios del coste total recaen sobre las pequeñas empresas, mientras que las compañías medianas asumen un 20% y las grandes empresas el 16% restante, lo que pone de relieve la especial vulnerabilidad de las constructoras de menor tamaño.

A estos costes habría que añadir otros extra, como el pago de prestaciones por parte de la Seguridad Social, el tiempo y los recursos destinados a la búsqueda y contratación de personal de sustitución, el deterioro del clima laboral, las penalizaciones por incumplimientos contractuales o una peor atención a los clientes y promotores.

Finalmente, CNC sostiene que el incremento del absentismo responde a una combinación de factores estructurales y coyunturales. Entre los principales destacan su relación positiva con el ciclo económico, el aumento de las listas de espera quirúrgicas, la mayor demora en el acceso a consultas con especialistas, el progresivo envejecimiento de la población ocupada y la ampliación de permisos legales, junto con la creación de nuevos derechos que, sin una adecuada gestión, inciden directamente en la organización del trabajo.

Según el presidente de CNC, Pedro Fernández Alén, el absentismo en la construcción puede ser ligeramente inferior al registrado en otros sectores, pero su impacto suele amplificarse por la dependencia de cuadrillas, la secuencia de las obras y el papel estratégico de ciertos oficios, ya que la ausencia de un solo trabajador puede retrasar actividades completas y generar costes adicionales.

“La construcción afronta un desafío de primer orden que exige un análisis riguroso y respuestas coordinadas, tanto desde el ámbito empresarial como desde las administraciones públicas, para contener una dinámica que ya está teniendo un impacto significativo en la actividad y el empleo. Necesitamos un gran pacto nacional que nos involucre a todos, dado que el absentismo afecta a las arcas públicas, a los resultados de las empresas, al sistema sanitario y también a los trabajadores responsables y comprometidos”.

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